Escribir sin pretensiones.

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En el mundo de las letras hay espacio para muchos, aunque no todo aquel que pisa ese territorio se puede denominar escritor, hay quienes pasean en él, simplemente por hastío, consecuencia de una vida vacía, así se mantienen ocupados y su resultado es a sus ojos inigualable . Lo cierto es que todos tenemos algo de escritor, en algunos es un don,  aquellos  que luchamos con nuestras armas, la creatividad, el amor a la estética literaria, la humildad, trabajando, trazando el camino hacia los logros, grandes o menos grandes, empleando el tiempo libre en esta afición que se convierte en parte de nuestra vida, pero ante todo, tenemos la capacidad de respetar los escritos de otros, nos gusten más o menos, nunca los menospreciamos con comentarios desagradables, más bien callamos, pero los ‘escritorcillos de pasada’, porque suelen ser aves de paso, soberbios, cuyas expresiones zafias y comportamiento dicen mucho de sí mismos, intentando llamar la atención de cualquier manera, siempre buscando la sombra de alguien conocido que les cobije y les dé el impulso que ellos, por si mismos, nunca tendrían, porque están en un lugar que no es el suyo, por el capricho de ser catalogados como escritores.

Creo que el alma en este tema es el respeto, a todos  valoremos las caricias verbales, nadie es mejor que otro, cada cual tiene su estilo y más o menos facilidad de llegar a los lectores, el leer un crítica destructiva o burlesca, duele profundamente, hasta el punto de plantearte si merece la pena seguir plasmando tu esencia en poemas, relatos, reflexiones o es mejor dejar el territorio libre y guardar en nuestros adentros lo más preciado que tenemos, esa capacidad de escribir sin pretensiones.

Magda Jardí